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El huerto casero es una oportunidad para aprovechar espacios reducidos cuidando la biodiversidad.
La huerta casera es un aporte significativo a la alimentación de una
familia. Esta forma de producción preserva la salud de todo el núcleo familiar al no utilizar agrotóxicos, brindará además, alimentos de mayor calidad biológica y mejor sabor.
En el huerto casero, se desarrollan producciones en espacios reducidos, lo que habla de su carácter intensivo,
pero no por ello se descuida el concepto de sustentabilidad que exige la producción orgánica.
De esta forma, en una misma platabanda se producen distintos tipos de hortalizas, para aprovechar mejor el terreno, asociando cultivos vegetales con distintos fines y aumentando la biodiversidad propia de espacios naturales.
Cuando se emplea la palabra horticultura, se refiere a los cultivos hortícolas representados básicamente por hortalizas tales como vegetales de frutos, de hojas, raíces y tubérculos, legumbres, condimentos y plantas aromáticas, entre otros que componen los cultivos de la huerta casera
Ubicación de la Huerta
¿En qué debemos pensar antes de comenzar nuestro huerto?:
- En diseñar un espacio que tenga el tamaño que vamos a ser capaces de mantener.
- Debemos considerar el tiempo que vamos a poder destinar a su cuidado.
- Hacerlo cerca de la casa para facilitar el trabajo de recolección de las verduras y el de llevar la basura orgánica a la abonera.
- Dar una ubicación con alta exposición solar. Las hortalizas tienen una alta demanda de luz, entre 6 a 8 horas de sol para un crecimiento saludable. Es necesario conocer el recorrido del sol y la evolución de las sombras que rodean el lugar, para obtener un buen crecimiento vegetal. Sol en el invierno y semi sombra en el verano.
- Tiene que quedar cerca del riego.
- Se requiere, idealmente, un análisis de suelo para evitar problemas futuros.
- Conocer el perfil del terreno para identificar las caídas de agua o espacios en que ésta quede estancada.
- Evitar árboles cercanos a la huerta, por la sombra que pueden proyectar y la llegada de raíces que quiten
nutrientes a las hortalizas plantadas.
- Crear un cerco de madera u otro material, o un cerco vivo como protección y aislamiento, éste último no deben tener un crecimiento importante para que no proyecten sombra al cultivo. El efecto protector de un cerco al reducir la velocidad del viento provoca una reducción en la pérdida de agua por
transpiración de las plantas y por evaporación. Funciona además como control biológico de plagas.
- Dejar un sector sombreado para el reciclado de materia orgánica,
Compost.
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